El mundo está cambiando. A vista de muchos, el ser humano en el siglo XX ha conseguido logros que incluso podrían ser tachados de impensables. Muchos optimistas creen en la bienvenida de una "decada dorada" , afirmando que los noventa iban a ser los años en los que el mundo podría dejar sus hostilidades, para dar paso a una era de paz y progreso en el siglo XXI.

Los avances tecnológicos son abismales, aunque el campo de políticas y cultura no se quedan atrás, pues los sucesos como la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría dan paso al comienzo de una época donde las democracias opacarían a los regímenes autoritarios y otros modelos más anticuados. El canciller alemán Kohl, en su primera rueda de prensa de la Alemania unida, afirmaba que trabajaría junto a sus homólogos europeos para generar un proyecto con el que pretender abordar una nueva época de prosperidad y bienestar común.



Lamentablemente, el mundo no es tan colorido cómo uno desea, y los conflictos entre algunos países de Oriente y los más ajenos a todo lo ocurrido en las décadas pasadas, estallan. La Guerra del Golfo, las Guerras Yugoslavas, la Guerra Civil en Ruanda , entre otros.
Los augurios de un mundo lleno de paz y tranquilidad se ven frenados por la brecha de la realidad del mundo, pues los intereses políticos y territoriales se afirman cada vez más.







Entre todos esos sucesos, se vio un caso de lo más extraño en el este del mundo. A mediados de julio de 1992, fuentes citaban reportes de las autoridades de Hong Kong sobre sucesos ocurridos en la ciudad amurallada de Kowloon, el asentamiento más densamente poblado del mundo; un destartalado pedazo de tierra de nadie en medio de un paraíso turístico. Los ojos del mundo volvían a fijarse en Asia Oriental, al haber sido sitio de otra masacre apenas tres años después de la revuelta de Tiananmén en Pekín, que había dejado a su paso miles de civiles muertos.







En toda la zona, más allá del sitio inicial, comenzó a vivirse una violencia sin igual, jamás vista. Algunos reportes describían a los sucesos como "protestas y disturbios generalizados". Otros indicaban que los muertos volvían a reanimarse y a atacar a los vivos al cabo de varias horas. Los diversos reportes inexactos y contradictorios entre sí hechos por la prensa sólo alimentaban la incertidumbre del mundo sobre qué estaba ocurriendo exactamente en aquel lugar. Una verdadera crisis tomó lugar en Gran Bretaña al cabo de pocos días, al haber ocurrido casi exactamente lo mismo que había sido descrito sobre Hong Kong. Casos esporádicos fueron reportados en Zaire, Brasil y México a lo largo de la semana. Para cuando el mundo se enteró de la verdadera naturaleza de la situación, ya era demasiado tarde. La población estaba cada vez más preocupada y en pánico.
En los Estados Unidos, las noticias matutinas del CNT y otros canales locales reportaron que varias familias habían sido encontradas con sus cuerpos destrozados y parcialmente consumidos por un grupo de "maniáticos enfermos". Todos los cuerpos tenían mordidas, y una conexión con los sucesos alrededor del mundo era lo más probable. La situación se volvió crítica y, a lo largo de los meses, las personas que continuaban sanas fueron obligadas a permanecer encerradas en sus hogares y más tarde a abandonarlos para dirigirse a sitios más seguros. Los hospitales y centros de ayuda médica colapsaron, y el mismo desafortunado destino fue también inevitable para las organizaciones humanitarias que hasta entonces las habían ayudado a mantenerse en pie, proporcionando provisiones que, con el tiempo, se probaron insuficientes. Informes médicos destacaron que se trata de un virus desconocido por la humanidad, sin cura.







Las cifras de heridos y muertos crecían escandalosamente en las ciudades más grandes del país como Liberty City y Los Santos. Las escuelas e instalaciones de educación perdieron su propósito y ahora servían para acoger a aquellos que necesitaban refugio y no estaban en condiciones de salir de las ciudades. Las farmacias eran saqueadas. Ya no llegaba alimento a los supermercados, y permanecer en la ciudad se convertía en un peligroso juego de perro come a perro por la supervivencia.







Los gobiernos de cualquier tipo se convirtieron en nada más que una colección de seres humanos igual de temerosos e incompetentes que cualquiera. Los más poderosos junto con sus familias y asociados habían desaparecido en búnkeres y áreas seguras por todo el mundo. Sobreviven seguros en estos refugios mientras el resto del mundo entra en la perdición. Comenzó una época en la que los bandidos se aprovechan de los sobrevivientes más débiles, y los pocos militares y policías que quedan terminan protegiendo al gobierno restante, desertando para salvar a sus familias, convirtiéndose en matones o desapareciendo por completo. Las ciudades desoladas se convierten en campos de batalla abiertos, con grupos dispersos de sobrevivientes que defienden sus zonas de los "demonios", "infectados", "bestias" o cualquier otro apodo que les hayan dado a estos muertos vivientes. La humanidad ha quedado impotente ante esta nueva plaga. La prosperidad tan anhelada se vuelve completamente inalcanzable. La vida de tan solo unos pocos años atrás se convierte en nada más que un recuerdo. El mundo ha cambiado.



1996 - El nuevo comienzo



A lo largo de estos cuatro años, las llamas se han apagado, las explosiones han cesado y los gritos han remitido. Las calles están desoladas; no hay vida.
Solo hay muertos que caminan arrastrando el paso, y los pocos humanos que aún quedan se encuentran refugiados, muchos de ellos sin siquiera saber si seguirán vivos para el siguiente día, viéndose obligados a ser capaces de cometer actos atroces por necesidad. Una situación de barbarie, una fatalidad histórica que obliga a la humanidad a sobrevivir en un entorno decadente sin precedentes.
Aquellos que sobreviven al virus se esconden de los muertos. Algunos forman comunidades, otros se mantienen solos, alejados del resto.
En este mundo te encuentras tú.

Estás en medio de un mundo destrozado e infestado por un virus del que nadie sabe nada.